el resplandor de Da Vinci

Hace 500 años, Leonardo Da Vinci resolvió un antiguo enigma astronómico: el misterio del brillo de la Tierra.

Cuando usted piensa en Leonardo Da Vinci, probablemente piense en la Mona Lisa o los submarinos del siglo XVI o, quizá, en una cierta novela de suspenso. Todo eso es de la vieja escuela. Desde ahora, piense en la Luna.


Poco conocido para la mayoría, uno de los mejores trabajos de Leonardo no es un cuadro o un invento, sino algo más relacionado con la astronomía; Da Vinci resolvió el enigma del brillo de la Tierra.


Se puede observar el brillo de la Tierra cuando hay luna creciente en el horizonte al ponerse el Sol. El jueves 6 de octubre, es una buena noche: ver mapa celeste. Busque entre los cuernos de la creciente una imagen fantasmal de la Luna llena. Eso es el brillo de la Tierra


Durante miles de años los humanos se han maravillado de la belleza de este "resplandor ceniciento", o "la luna vieja en los brazos de la luna nueva". Pero ¿qué era? Nadie lo sabía hasta el siglo XVI cuando Leonardo resolvió el misterio.


En 2005, después del Apolo, la respuesta puede parecer obvia. Cuando el Sol se pone en la Luna, ésta se oscurece —pero no completamente. Hay todavía una fuente de luz en el cielo: la Tierra.

Nuestro propio planeta ilumina la noche lunar con un brillo 50 veces mayor que una luna llena, produciendo el resplandor ceniciento.


Visualizar esto en los años 1500 requería una imaginación desbordante. Nadie había estado nunca en la Luna y mirado "hacia" la Tierra.



La mayoría de la gente ni siquiera sabía que la Tierra orbitaba el Sol. (La teoría heliocéntrica de Copérnico no fue publicada hasta 1543, veinticuatro años después de la muerte de Leonardo).
Imaginación desbordante era una cosa que Leonardo tenía en abundancia.



Sus cuadernos de notas están llenos de bocetos de máquinas voladoras, tanques militares, escafandras autónomas y otros dispositivos fantásticos adelantados en siglos a su tiempo. Incluso diseñó un robot: un caballero armado que podía sentarse, agitar sus brazos, y mover su cabeza mientras abría y cerraba una mandíbula anatómicamente correcta.


Para Leonardo, el brillo de la Tierra era un enigma atractivo. Como artista, estaba vivamente interesado en la luz y la sombra. Como matemático e ingeniero, era aficionado a la geometría.


Todo lo que restaba era un viaje a la Luna. Era un viaje mental:
En el Códice Leicester de Leonardo, de alrededor de 1510, hay una página titulada "Sobre la Luna: Ningún cuerpo sólido es más ligero que el aire".



El declara su creencia de que la Luna tiene una atmósfera y océanos. La Luna era un excelente reflector de la luz, creía Leonardo, ya que estaba cubierta con mucha agua.


En cuanto al "resplandor fantasmal", explicó, es debido a la luz del Sol rebotando en los océanos de la Tierra y, a su vez, golpeando la Luna.




Él estaba equivocado en dos cosas:


La primera, la Luna no tiene océanos. Cuando los astronautas del Apolo 11 aterrizaron en el Mar de la Tranquilidad, caminaron sobre roca.



Los "mares" lunares están hechos de antigua lava endurecida, no de agua.

Lo segundo, los océanos de la Tierra no son el origen principal del brillo terrestre. La Tierra brilla por que refleja la luz solar, y las nubes reflejan la mayor parte.



Cuando los astronautas del Apolo miraron a la Tierra, los océanos estaban oscuros y las nubes eran brillantes.

Pero esto son minucias. Leonardo comprendió lo básico bastante bien.

En las próximas décadas, los humanos viajarán en persona a donde la imaginación de Leonardo fue hace 500 años.


La NASA planea enviar astronautas de vuelta a la Luna no más tarde del año 2018.

A diferencia de los astronautas de las misiones Apolo, que permanecieron sólo unos pocos días, estos nuevos exploradores permanecerán en la Luna durante semanas y meses.


En el proceso, experimentarán algo que los astronautas del Apolo nunca hicieron: el anochecer.


Un día lunar dura 29,5 días de la Tierra: unos 15 días terrestres de luz, seguidos por 15 de oscuridad. Los astronautas de las Apolo siempre aterrizaron a la luz del día y partieron de nuevo antes del anochecer.


Debido al brillante Sol, nunca vieron el suave halo del brillo terrestre en sus pies. Pero la próxima generación de astronautas lo hará.


Y sólo quizá, durante un paseo nocturno detrás de la base, guiado por la suave luz de la Tierra, uno de ellos se agachará y escribirá en el polvo lunar:

"Leonardo estuvo aquí".

Casi con toda seguridad, Leonardo da Vinci puede ser considerado como uno de los genios universales que más han contribuido al desarrollo científico y artístico de la humanidad.


Le correspondió vivir en una época en la que todo, en particular el pensamiento humano, estaba supeditado a la teología. Sin embargo, su gran poder de observación y creatividad desbordaron su entorno.


Aunque Leonardo es más conocido universalmente or su pintura que por su restante obra científica, sus contribuciones a otras artes, por ejemplo la escultura, y a ciencias como ingeniería, mecánica, física, biología, arquitectura, anatomía, geología y matemáticas fue decisiva.



Considera a estas últimas como la llave de la naturaleza. Aunque su obra conocida en esta especialidad no está escrita con suficiente rigor ni los resultados obtenidos fueron decisivos en aquel momento, merece, sin embargo, ser considerado en la historia del pensamiento matemático universal por sus prodigiosas intuiciones, en particular, las de carácter geométrico.





Algunas de ellas se plasmaron en realidades en los siglos posteriores. Personalmente pienso que en ello radica gran parte de la genialidad de Leonardo.

A lo largo de la historia de la humanidad todos, o casi todos, los descubrimientos científicos han sido fruto de una intuición de mentes preparadas para analizar, interpretar y desarrollar fenómenos que a otros pudiesen parecerles banales o intranscendentes.

Y Leonardo poseía esa prodigiosa intuición.


Leonardo consideró la ciencia desde un aspecto fundamentalmente visual. Desde este punto de vista, intentó geometrizar los objetos, para así poder explicar, con un lenguaje matemático, todos los fenómenos naturales. Todo lo observa, lo analiza, lo experimenta, siempre que ello le fuera posible, cambia los datos, los modelos, las situaciones, etc.



Creía que todos los sucesos fisicos se podían estudiar con modelos y, por tanto, construye infinidad de ellos: desde el de la aorta con sus válvulas, para así poder comprender mejor la corriente sanguínea, hasta el del mar Mediterráneo en miniatura, en el que estudia y analiza las corrientes de los ríos que desembocan en él, utilizando para ello movimientos de partículas, tales como polvos o manchas de tinta.



Sin saberlo, estaba profundizando en el estudio de trayectorias de partículas, que tanta importancia han tenido en los siglos posteriores y sobre todo en la actualidad. En sus obras pictóricas y escultóricas, los dibujos y las superficies ya poseen una precisión científica y una perspectiva inigualables.

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